Las chicas de la Tierra no son tan fáciles, por Jesús Palacios.

Michelle Jenner en Extraterrestre

En los buenos viejos tiempos, allá por los años 50, los extraterrestres invadían la Tierra por motivos perentorios y comprensibles. Para destruirla porque molestaba, para instalarse en ella porque su planeta se había quedado pequeño, para apoderarse de nuestras mujeres y procrear con ellas, para alimentarse de nuestros jugos vitales, para saquear nuestros recursos naturales… En fin, para sobrevivir o vivir mejor. En las últimas décadas, aunque intenten aparentar que siguen como siempre, los alienígenas se han dedicado a invadirnos por motivos de índole muy distinta, gracias a mal disimulados moralistas pelmazos como Spielberg, Shyamalan, Emmerich, Bay, Matt Reeves, Gareth Edwards, Neill Blomkamp y compañía. Ahora nos invaden, siembran el caos y la destrucción, llevándose por delante símbolos nacionales tan significados (para los estadounidenses, sobre todo) como el Capitolio, la Estatua de la Libertad y similares, a fin de devolvernos un poco de decencia, según el estilo de vida americano, por supuesto. O sea, para que Tom Cruise se convierta en padre responsable, Mel Gibson recupere la fe en la vida, las familias desunidas se reúnan, los novios enfadados se reconcilien o, peor aún, para que entendamos y comprendamos problemas tan profundos como la inmigración y el apartheid, ¿qué hay que destruir unas cuantas ciudades y eliminar varios millones de seres humanos anónimos e insignificantes? No pasa nada, siempre que el protagonista y el espectador comprendan que los marcianos lo han hecho para convertirnos en mejores personas. Por todo esto, entre otras cosas, Extraterrestre de Nacho Vigalondo resulta tan absolutamente refrescante y agradecida. Porque solo a él podía ocurrírsele que los extraterrestres invadan la Tierra… ¡para que los protagonistas y los espectadores de su película se vuelvan locos por Michelle Jenner! No se me ocurre mejor canción de amor, mejor elogio encendido a una mujer, que organizar una invasión alienígena en su homenaje. Mucho, pero que mucho mejor que mil millones de docenas de rosas o incluso que tener a Richard Gere renovándote el fondo de armario.

Y es que, en Extraterrestre, cuando te levantas por la mañana de resacón (pero en Lavapiés o Malasaña, no en Las Vegas, por favor) y te encuentras con dos fenómenos inexplicables, asombrosos y prácticamente fantásticos, a saber: uno) la Tierra está invadida por gigantescas naves nodriza alienígenas que sobrevuelan las grandes ciudades, Madrid incluida, sin manifestar otras intenciones de momento que acojonar, y mucho; y dos) que tienes a Michelle Jenner andando en paños menores por tu piso y no recuerdas absolutamente nada de la noche anterior, tienes que asumir rápidamente cuál de estas dos situaciones es la verdaderamente importante. Naturalmente, la dos. ¡Qué más da que los marcianos te vigilen! ¡Qué importa lo que estén planeando para el futuro de la raza humana! Lo fundamental es que esa chica increíble no salga de tu vida ni de tu piso… Y eso, los extraterrestres te lo están poniendo en bandeja, no, en platillo volante. Y de los grandes.

Vigalondo sabe que Michelle Jenner es un fenómeno verdaderamente paranormal. Una belleza que no es de este mundo, y por eso, su película de marcianos es la más marciana de la historia. Porque en ella los alienígenas están solo y exclusivamente para que Julián Villagrán, Raúl Cimas, y un inconmensurablemente patético y divertido Carlos Areces, den vueltas y vueltas alrededor de Michelle Jenner, convertidos en un pequeño y despistado sistema planetario, girando entontecido alrededor de su belleza solar, que también es agujero negro (sin segundas) capaz de tragárselos a todos (humanos y marcianos). Porque para ser de la Tierra, Julia es una chica nada, pero que nada fácil.

Nadie, hasta la fecha, había creado una comedia romántica de invasión extraterrestre en sentido estricto. Puede que Mi novia es una extraterrestre (My Stepmother Is An Alien. Richard Benjamin, 1988), con Kim Bassinger y Dan Aykroyd, o Las chicas de la Tierra son fáciles (Earth Girls Are Easy. Julian Temple, 1988), con Geena Davis, Jeff Goldblum y un recién llegado Jim Carrey, estuvieran cerca de ello, pero con una diferencia fundamental, a favor de Vigalondo, y es que en ellas los extraterrestres intervenían muy directamente, y el elemento de ciencia ficción, incluyendo efectos especiales y tópicos de Serie B al uso, cumplía su papel tradicional en el género, de forma poco o nada sorprendente… mientras que, en Extraterrestre, nuestros alienígenas se mantienen siempre al margen. No dan la lata con transformaciones, armas imposibles, poderes fabulosos ni parafernalia alguna que nos distraiga del enredo romántico y de la magnética omnipresencia de Michelle. Por el contrario, se limitan a estar ahí fuera –como la verdad, claro-, aunque a la vez y al tiempo son también absolutamente indispensables, imprescindibles. Son un McGuffin, seguro, pero sin ellos no podría existir el triángulo sentimental al cuadrado que estructura la historia, y esta no tendría sentido.

Extraterrestre no es tanto una película como una canción. Una sencilla (en apariencia) cancioncilla pop, tontorrona e ingenua, que sueña un sueño de inocencia perdida: un amor sin condiciones por alguien a quien no entiendes ni conoces, pero que, claro, es Michelle Jenner, y no necesita ni que la entiendas ni que la conozcas. Solo quieres que se quede contigo, que se quede para siempre jamás, por favor, por favor, por favor. A la vez que es una canción de “amor fool” (amor tonto, que no loco), es también una balada (poco) triste y sin trompeta por la adolescencia eterna y eternamente perdida. Un canto a los colegas imposibles, unidos y desunidos por el amor y el desamor, que quieren lo mismo y lo pierden cuando están a punto de encontrarlo, pero que por eso mismo se entienden, se quieren y se tienen los unos a los otros. Aunque seas un freak tan humano –tan demasiado humano- como el Ángel –más tonto del mundo- que interpreta Raúl Cimas. Lo verdaderamente extraterrestre de Extraterrestre no son los marcianos con sus ovnis de intenciones desconocidas y quizás incognoscibles, sino la naturaleza misma del amor y la amistad. Y, sobre todo, la existencia de ultracuerpos como Michelle Jenner: Campanilla y Wendy toda en una, la reina de las hadas y la chica de al lado, a la vez y al mismo tiempo. Esa vecinita, esa compañera de pupitre, por la que firmaríamos un contrato con el diablo como pagafantas para toda la eternidad, si fuera necesario, capaz de hacernos creer en lo imposible y hasta de desear que los marcianos nunca, nunca se vayan a su casa.

Ficha Técnica:

Extraterrestre / Director: Nacho Vigalondo / Año: 2012 / País: España / Música: Jorge Magaz / Fotografía: Jon D. Domínguez / Género: Comedia, ciencia ficción.

Trailer de la película en Youtube:

Sobre el autor:

Jesús PalaciosGran conocedor del género fantástico, Jesús Palacios es un prestigioso escritor, teórico y crítico de cine español. Colaborador habitual de numerosos eventos culturales y festivales cinematográficos ha ejercido también como prologuista y coordinador de antologías de género para editoriales como Valdemar.

Addenda: Este artículo es © de su autor que ha tenido la gentileza de escribirlo para MichelleJenner.com, y se publica aquí con su permiso expreso. Desde la página web queremos agradecer a Jesús Palacios por su gran trabajo así como por su generosa contribución.

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